Uno sabe que alguien es grande cuando el deporte al que se dedica empieza a llamarse como uno. En el 2012, el BMX en Colombia dejó de conocerse así… para ser visto y escuchado como Mariana Pajón.

‘Dios salve a la Reina’, así te veneramos aquel día, como a la monarca que, con 37 segundos y 706 milésimas, llegó a la meta en Londres 2012 para hacer sonar el himno colombiano en unos Juegos Olímpicos. Aquel día y a aquella hora, todos los televisores de nuestro país estaban encendidos; la gente cambió las gambetas del fútbol por la pista y las ruedas.

A pesar de las lesiones, fracturas y operaciones que tuviste, jamás diste la espalda a la responsabilidad de representar a nuestro país. Tu papá, Carlos Mario, y tu mamá, Claudia, te bautizaron con la corona de campeona, te respaldaron y te dieron la fuerza mental para superarte.

Cuando menos se veía venir, volviste a ganar una dorada en Río 2016 y demostraste que estar al ciento por ciento no siempre es ganar. Subiste al podio, una vez más, en Tokio 2020, luciendo una medalla de plata, después de una pandemia.

Lloramos contigo y con doña Claudia en París 2024, luego de la carrera y no porque no lograras llegar a la final por una caída, sino porque nos recordaste que ya eras lo suficientemente grande para exigirte más.

Hace poco, vimos con alegría que ya eres mamá. Sin duda, contrario a lo que se piensa, los peraltes y los morros siguen felices de verte pasear con los trajes dorados de la realeza.

Mariana, haz lo que quieras, no nos debes nada…

Nosotros te debemos el honor de compartir ciudadanía.

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